Rufino vive en WhatsApp porque ahí ya está usted. No le pide descargar
nada, no le pide contraseña, no le pide registrarse de nuevo.
Solo le escribe, como le escribiría a alguien de confianza.
Tiene la voz de un señor maduro, paciente, con criterio.
Habla siempre de usted, contesta sin
prisa, y conoce México — el SAT, la CFE, el INE, el banco, los trámites
reales. Si algo no es seguro responderlo, lo dice con honestidad y le
avisa al equipo humano que lo respalda.
Recuerda los detalles que importan: cómo se llama su esposa, cuándo es
el cumpleaños de su nieto, a qué hora toma su medicamento, qué banco usa.
Así, la próxima vez que escriba, no tiene que explicar todo desde cero.
“Atender lo que importa, con calma y sin ruido.”
— Lo único que Rufino se propone hacer bien